×
La corrupción inmobiliaria en México genera pérdidas que podrían superar los 500 mil millones de pesos anuales, de acuerdo con diversas investigaciones. Este fenómeno involucra a funcionarios públicos, desarrolladores y crimen organizado, y sus consecuencias son graves: despojos, encarecimiento de la vivienda y desplazamientos forzados. Iniciativa en el Congreso En la Cámara de Diputados, el […]
La corrupción inmobiliaria en México genera pérdidas que podrían superar los 500 mil millones de pesos anuales, de acuerdo con diversas investigaciones. Este fenómeno involucra a funcionarios públicos, desarrolladores y crimen organizado, y sus consecuencias son graves: despojos, encarecimiento de la vivienda y desplazamientos forzados.
Iniciativa en el Congreso
En la Cámara de Diputados, el legislador Ricardo Mejía Berdeja (PT) presentó una iniciativa para reformar el artículo 19 constitucional e incluir este delito en el catálogo de los que ameritan prisión preventiva oficiosa. La propuesta, turnada a la Comisión de Puntos Constitucionales, busca evitar que los responsables evadan la justicia.
Cómo opera el esquema
El entramado funciona mediante la colusión de autoridades y desarrolladores, que manipulan permisos, realizan compraventas ilegales de tierras ejidales, construyen sin autorización o comercializan viviendas sin la infraestructura mínima.
El impacto es claro: gentrificación, desigualdad y encarecimiento de la vivienda, además de rezagos en servicios básicos.
Un ejemplo es Querétaro, donde una vivienda que en 2015 costaba un millón de pesos hoy alcanza hasta tres millones, cifras inalcanzables para gran parte de la población.
Redes de corrupción
Analistas señalan que la corrupción inmobiliaria funciona como una red que involucra:
Funcionarios municipales, estatales y federales que autorizan cambios irregulares de uso de suelo.
Desarrolladores y notarios que falsifican escrituras y legalizan ventas ilegales.
Intermediarios que encubren contratos falsos y lavan dinero.
Crimen organizado, que controla terrenos estratégicos mediante coacción.
Las principales víctimas son mujeres jefas de familia y adultos mayores, quienes carecen de títulos legales y recursos para defenderse de despojos y desalojos. Además de afectar a las familias, el fenómeno agrava la insostenibilidad urbana y ambiental en varias ciudades del país.
Aunque la iniciativa plantea reformas legales y capacitación para jueces, notarios y funcionarios, especialistas advierten que endurecer sanciones no será suficiente si no se desmantela la red de intereses políticos y económicos detrás del negocio inmobiliario.
Los comentarios están cerrados