Las necesidades de proteína aumentan con el paso de los años debido al desgaste natural de los tejidos corporales, explicó el Hospital Houston Methodist en información compartida a NotiPress. Este incremento se debe, principalmente, a la pérdida progresiva de masa muscular, un proceso que se intensifica a partir de los 70 años. Amanda Meadows, nutrióloga […]
Las necesidades de proteína aumentan con el paso de los años debido al desgaste natural de los tejidos corporales, explicó el Hospital Houston Methodist en información compartida a NotiPress. Este incremento se debe, principalmente, a la pérdida progresiva de masa muscular, un proceso que se intensifica a partir de los 70 años.
Amanda Meadows, nutrióloga clínica de la institución, destacó que “la proteína aporta los nutrientes necesarios para mantener y reparar el tejido muscular”. Aunque este macronutriente es esencial en todas las etapas de la vida, su relevancia crece en la vejez.
La relación con la sarcopenia
Durante la adultez, los requerimientos proteicos se mantienen relativamente estables; sin embargo, en edades avanzadas vuelven a elevarse. Esto se relaciona con la sarcopenia, fenómeno que provoca una pérdida de entre 3% y 5% de la masa muscular por década desde los 30 años.
El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) recomienda consumir 0.79 gramos de proteína diarios por kilo de peso corporal. No obstante, Meadows señaló que en adultos mayores activos o con entrenamiento de fuerza, la ingesta debería aumentar a entre 0.99 y 1.3 gramos por kilo.
Un desafío para los adultos mayores
A pesar de las recomendaciones, muchos adultos mayores no alcanzan los niveles necesarios. “Suelen tener menos apetito, cambios en el gusto o dificultades para masticar”, apuntó la especialista. De hecho, datos del USDA indican que casi el 50% de las mujeres y el 30% de los hombres mayores de 71 años no cubren el mínimo diario.
Estrategias para evitar la pérdida muscular
Para contrarrestar los efectos de la sarcopenia y prevenir la pérdida de fuerza, movilidad y equilibrio, Meadows recomendó combinar una dieta rica en proteína con ejercicios de resistencia, que pueden incluir pesas, bandas elásticas o incluso el propio peso corporal. Además, sugirió consultar con un fisioterapeuta o especialista antes de comenzar y no iniciar ningún programa sin la aprobación del médico, sobre todo en caso de enfermedades crónicas o lesiones.
Fuentes y distribución de la proteína
La nutrióloga sugirió diversificar las fuentes proteicas para obtener mayores beneficios nutricionales. Entre las opciones recomendadas mencionó nueces, frijoles, quinoa, edamames, legumbres y cereales integrales.
Asimismo, distribuir la proteína a lo largo del día puede ser más efectivo. Incluirla en el desayuno y en snacks ayuda a mantener un aporte constante. Algunas alternativas son requesón, yogur alto en proteína, salmón ahumado o huevos cocidos en la mañana, y atún en sobre, garbanzos tostados o edamames como colaciones.
Precauciones
Finalmente, Meadows advirtió que un consumo excesivo de proteína también puede resultar dañino para el corazón, los riñones o el sistema digestivo. Por ello, recomendó ajustar la dieta con orientación médica, especialmente en personas con condiciones crónicas.
Información de NotiPress
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