Por Óscar Solórzano Pongamos las cosas en contexto, durante aquella guerra de Irak y Kuwait, esa famosa Guerra del Golfo transcurrida en el año 1990 y 1991, que según se dijo había sido sanguinaria, murieron aproximadamente 6,000 personas, contando las bajas militares, civiles, de ambos lados. Estos números, desde luego, son terribles y alarmantes. Durante […]
Por Óscar Solórzano
Pongamos las cosas en contexto, durante aquella guerra de Irak y Kuwait, esa famosa Guerra del Golfo transcurrida en el año 1990 y 1991, que según se dijo había sido sanguinaria, murieron aproximadamente 6,000 personas, contando las bajas militares, civiles, de ambos lados. Estos números, desde luego, son terribles y alarmantes.
Durante las dictaduras en Chile y Argentina hubo desaparecidos, desde luego se especula que varios de ellos están muertos. En Argentina, la comisión que se formó para las desapariciones forzadas de personas arroja el dato de 10,000 personas desaparecidas durante el régimen militar, las organizaciones de derechos humanos sin embargo hablan de cerca de 30,000.
El caso chileno, aunque en números es menor, siguen siendo de atención pues desaparecieron aproximadamente 1,124 personas, esta cifra parece demasiado conservadora, hay quien calcula que puede ser al menos el triple.
Pero ¿qué tiene que ver esto con nosotros? pues bien resulta que en algunos de estos lugares se fundaron centros que se encargan de encontrar tanto a las personas, como a identificar los cuerpos. Igual sucedió tras dictaduras como la franquista en España, la guatemalteca y en algunos otros lugares del mundo.
Nos levantamos con la noticia de que en esta semana, tanto senadores como diputados, aprobaron prácticamente por unanimidad la creación del Centro Nacional de Identificación Humana, tal cual como si estuviéramos en un estado de guerra, como en el que se supone que no estamos.
Obviamente las diferencias entre lo que sucedió en Chile, Argentina y en Irak contra lo que sucede en México son abismales, en todos esos casos las muertes tienen que ver con cuestiones de Estado, es decir, fueron los gobiernos o fue la coalición de países la que se encargó de generar ese número terrible de víctimas. Y ¿qué pasa en México donde se supone que somos un país de paz, donde se supone que nuestro ejército es un ejército de paz, donde se supone que no ha habido conflictos bélicos en los últimos 100 años?
Pues que los números son peores que en las dictaduras, se calcula que en nuestro país hay al menos 95.000 personas desaparecidas, vuelvo a reiterar 95,000, nueve veces más que en Argentina, 90 veces más que en Chile, 13 veces más que en la Guerra del Golfo.
Por si esto no fuera suficiente, se han encontrado al menos 52,000 personas, cadáveres, sin identificar que pueden ser o no parte de estas 95,000 desaparecidas, no lo sabremos hasta que cada cuerpo tenga nombre y apellido.
Según el Comité de las Naciones Unidas Contra la Desaparición Forzada, identificar esos cuerpos llevará por lo menos 120 años, sí, leyó usted bien, 120 años. Lo que quiere decir que las posibilidades de que la gente fallezca sin haber encontrado a su familiar son altísimas.
Es verdad que la violencia no es un asunto de este sexenio, ni siquiera del anterior, el problema de la violencia en México ha sido un asunto reiterativo histórico que tiene muchos más años de los que estamos imaginando.
Aunque no hay fuentes oficiales confiables que hablen de la realidad de las desapariciones antes de los años 80, sí sabemos de lo sucedido en el 68 y en la guerra sucia, aunque no tengamos datos precisos.
Es urgente generar un cambio radical en la estrategia de seguridad para frenar la violencia, también es urgente que los congresos doten de facultades y de presupuesto a este nuevo Centro Nacional de Identificación Humana que nace hoy pero sin un solo peso para trabajar; que se haga antes de que este Centro sea enterrado junto con los demás cadáveres en la fosa común del olvido, así que ya sabes, en eso quedamos.
@OscarSolorzanoMx
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