Ante la inminente revisión del T-MEC, diversas automotrices chinas han comenzado a modificar su estrategia en México: pasar de la importación de vehículos a la instalación de plantas de ensamblaje para obtener el sello “Hecho en México” y así facilitar su acceso a mercados de Norteamérica. El cambio responde a uno de los puntos más […]
Ante la inminente revisión del T-MEC, diversas automotrices chinas han comenzado a modificar su estrategia en México: pasar de la importación de vehículos a la instalación de plantas de ensamblaje para obtener el sello “Hecho en México” y así facilitar su acceso a mercados de Norteamérica.
El cambio responde a uno de los puntos más sensibles del acuerdo comercial: frenar el ingreso de productos asiáticos a Estados Unidos y Canadá. Frente a este escenario, marcas del gigante asiático buscan cumplir con las reglas de origen regionales, reducir aranceles y fortalecer su competitividad.
De acuerdo con datos del INEGI, los vehículos de origen chino ya representan cerca del 16 por ciento de las ventas en el mercado mexicano, un crecimiento que los acerca a fabricantes tradicionales de Japón y Europa, aunque aún por debajo de gigantes estadounidenses.
Entre las principales marcas que impulsan esta expansión destacan GAC Motor y Chirey, que han anunciado la instalación de plantas ensambladoras en el país. En el caso de GAC, se prevé que inicie operaciones en la segunda mitad de 2026, aunque la ubicación aún no se ha confirmado oficialmente, con opciones como Aguascalientes o Morelos sobre la mesa.
La estrategia de producción local permitirá a estas empresas reducir costos logísticos y evitar aranceles, además de abrir la puerta a futuras exportaciones hacia Estados Unidos y Canadá. Modelos de combustión, híbridos y eléctricos formarían parte de su producción en territorio mexicano.
Por su parte, Chirey busca convertir a México en su centro logístico para el continente, con planes de expansión en segmentos de alto volumen como las pick-ups y vehículos híbridos enchufables.
Otras marcas como BYD, Geely Auto y Great Wall Motor también analizan inversiones en plantas de manufactura y centros de desarrollo en el país, consolidando la presencia asiática en la industria automotriz nacional.
Sin embargo, este crecimiento no está exento de tensiones. El gobierno de Estados Unidos, encabezado por Donald Trump, ha planteado endurecer las reglas de origen para evitar que México funcione como una “puerta trasera” para productos chinos.
En respuesta, la administración de Claudia Sheinbaum ha reiterado que no se limita la llegada de estas marcas, pero sí se exige que sus inversiones incluyan un alto contenido de proveeduría nacional y cumplan con las disposiciones del T-MEC.
El auge de las automotrices chinas en México, que se aceleró tras la pandemia de COVID-19, ha transformado el mercado, especialmente en el segmento de vehículos eléctricos e híbridos de bajo costo. Su consolidación como fabricantes locales podría redefinir la competencia en la región y marcar un nuevo capítulo en la industria automotriz de Norteamérica.
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