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La industria de los alimentos ultraprocesados —modificados con exceso de sodio, azúcares y grasas saturadas— “no tiene un compromiso con la salud, sino con el negocio”, advierten expertos en nutrición infantil. Durante décadas, señalan, estas empresas han debilitado y bloqueado políticas públicas diseñadas para proteger a niñas, niños y adolescentes. La Organización Mundial de la […]
La industria de los alimentos ultraprocesados —modificados con exceso de sodio, azúcares y grasas saturadas— “no tiene un compromiso con la salud, sino con el negocio”, advierten expertos en nutrición infantil. Durante décadas, señalan, estas empresas han debilitado y bloqueado políticas públicas diseñadas para proteger a niñas, niños y adolescentes.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) han alertado sobre el conflicto de intereses que representa la participación de estas compañías en el diseño de políticas de salud alimentaria. Ambas organizaciones han recomendado establecer mecanismos de blindaje para evitar que las corporaciones financien, patrocinen o influyan en la formulación de dichas políticas.
Tras la entrada en vigor, en marzo pasado, de los nuevos lineamientos que prohíben la venta y publicidad de comida chatarra en las escuelas, especialistas han advertido que la industria busca vías alternas para mantenerse presente en los planteles.
Entre sus estrategias destacan la “donación” de básculas, la entrega de lentes a estudiantes, el patrocinio de torneos deportivos como el Nacional de Futbol Escolar, así como la promoción de programas sociales y de apoyo comunitario.
El doctor Simón Barquera Cervera, director del Centro de Investigación en Nutrición y Salud (CINS) del Instituto Nacional de Salud Pública, subrayó que en México uno de cada tres niñas, niños y adolescentes padece sobrepeso u obesidad, problema estrechamente ligado al cambio de dieta impulsado por el consumo de ultraprocesados.
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